Uji (宇治)

Del esplendor al silencio

Byōdō-in (鳳凰堂)

Llegamos a Uji en un tren de cercanías y nos sorprendió una estructura roja que extiende sus "alas" laterales desde 1053, preparándose para un despegue que lleva siglos posponiendo.

En el Byōdō-in el agua no solo refleja el rojo intenso, es una ventana a la Tierra Pura del Buda Amida. El paraíso donde el sufrimiento se detiene y la paz es absoluta. El agua es la frontera entre este mundo y el otro — el que, según el budismo amidista, es el verdadero.

Phoenix Hall (鳳凰堂) — el reflejo en el estanque Aji
Phoenix Hall (鳳凰堂) — el reflejo en el estanque Aji
El único edificio original que sobrevivió. Construido en 1053
El único edificio original que sobrevivió. Construido en 1053
La simetría del paraíso
La simetría del paraíso

Sobre un pedestal de loto se sienta el Buda Amida, una estatua colosal cubierta de oro. Lo rodean 52 bodhisattvas que flotan en nubes de madera tocando instrumentos musicales. Paredes y techo están lujosamente decorados, y aunque las pinturas estaban muy desgastadas por el tiempo, se respira el esplendor original. A sus pies nos hicimos chiquitos. No dejaron sacar fotos. De cualquier forma no le hubieran hecho justicia — pero les dejamos las del sitio oficial para que se hagan una idea.

El Buda Amida
El Buda Amida
El techo del Phoenix Hall
El techo del Phoenix Hall
Columna original del siglo XI
Columna original del siglo XI

Fotos: © Byōdō-in

Kōshō-ji (興聖寺)

Para aprovechar que andábamos en Uji, decidimos visitar Kōshō-ji, un templo con solo 746 reseñas de Google, frente a las 21,090 del Byōdō-in. Éramos los únicos allí, no había nadie en recepción, solo una maquinita para los 500 yenes de entrada — menos de 4 dólares — que nadie reclamaba. Nos quitamos los zapatos y empezamos a recorrer el austero lugar, asomándonos en cada esquina para ver que no invadiéramos algún área restringida para los monjes.

Llegamos a un salón con suelo de tatamis, sus puertas estaban abiertas hacia un pequeño jardín de musgo y piedra. Instintivamente Carmina y yo nos sentamos a meditar, no sé cuánto tiempo. En algún momento ambos abrimos los ojos y una leve sonrisa restableció la comunicación, seguimos explorando. Nos sorprendió una sala grande, más formal, con oro que contrastaba con aquella austeridad, sin embargo no pudimos evitar volver a sentarnos. Esta vez una campana detuvo la meditación. Eran las 4 y el templo cerraba.

Kōshō-ji (興聖寺) — primer templo Zen de Japón, fundado por Dogen en el siglo XIII
Kōshō-ji (興聖寺) — primer templo Zen de Japón, fundado por Dogen en el siglo XIII
Jardín de piedra y agua
Jardín de piedra y agua
Sala de la primera meditación
Sala de la primera meditación
El jardín seco — uno de los siete más famosos de Uji
El jardín seco — uno de los siete más famosos de Uji
Hondō — la sala principal de ofrenda y meditación
Hondō — la sala principal de ofrenda y meditación

Higashiyama (東山)

El barrio de las colinas del este

Kiyomizu-dera

Es sobrecogedora la magnitud del templo. Su estructura es un osado desafío a la gravedad. Un entramado colosal de madera que lo sostiene sobre el vacío sin un solo clavo.

Entre el verde de la montaña, las pagodas de un rojo encendido actúan como faros, recordándonos la ambición de un Kyoto que siempre buscó tocar el cielo.

La entrada
La entrada
Carmina y la pagoda
Carmina y la pagoda
Kiyomizu-dera — 清水寺
Kiyomizu-dera — 清水寺
El rojo entre los árboles
El rojo entre los árboles
Cada tablilla, un deseo
Cada tablilla, un deseo
Sin un solo clavo
Sin un solo clavo
Rojo y blanco
Rojo y blanco
La pagoda Koyasu-no-tō
La pagoda Koyasu-no-tō

Kyoto en los detalles

Bajando hacia los barrios de Sannenzaka y Ninenzaka sorprende la silueta de la pagoda Yasaka-no-tō. Encontramos en Kodai-ji esa autenticidad que se siente cercana, con su bosquecito de bambú; no es el que sale en todas las postales, pero al estar sin multitudes permite una conexión real con el entorno.

Los tejados de Higashiyama
Los tejados de Higashiyama
Guardianes de piedra
Guardianes de piedra
Yasaka-no-tō — 八坂の塔
Yasaka-no-tō — 八坂の塔
Entre Sannenzaka y Ninenzaka
Entre Sannenzaka y Ninenzaka
Kodai-ji — 高台寺
Kodai-ji — 高台寺
Paseando entre bambús
Paseando entre bambús
Paseando con elegancia
Paseando con elegancia
Yasaka-jinja — 八坂神社
Yasaka-jinja — 八坂神社
Gion bajo la lluvia
Gion bajo la lluvia

Kyoto (京都)

El primer encuentro

El mercado de Nishiki

El mercado de Nishiki es un bombardeo para los sentidos. En un mismo pasillo conviven las máquinas tragamonedas para adultos con pequeños templos shinto o tiendas de diversa índole. Es ese Japón donde lo profano y lo sagrado caminan de la mano, sin cuestionarse.

Las linternas anuncian el Shinto
Las linternas anuncian el Shinto
El templo
El templo
El pasillo
El pasillo

El brillo y el vacío

Kyoto nos regaló un encuentro con dos vecinos en polos opuestos. Por un lado, el resplandor deslumbrante del Pabellón Dorado (Kinkaku-ji); por otro, la austeridad radical de Ryoan-ji y su jardín de piedra. Dos formas distintas de buscar la belleza.

Con el Pabellón Dorado
Con el Pabellón Dorado
Kinkaku-ji entre los pinos
Kinkaku-ji entre los pinos
Kinkaku-ji — 金閣寺
Kinkaku-ji — 金閣寺
La sala de té interior
La sala de té interior
Los tejados de Ryoan-ji
Los tejados de Ryoan-ji
El jardín de piedra — Ryoan-ji
El jardín de piedra — Ryoan-ji
El guardián del tejado
El guardián del tejado

Nijo: Poder bajo los pies

El Castillo Nijo es una lección de autoridad. Tras sus muros de fortaleza se esconde un lujo interior que parece detenido en el tiempo: maderas talladas, biombos con dragones y tigres imaginados. Caminar sobre sus "suelos de ruiseñor", que silban a cada paso, es sentir que el Shogun nunca se fue del todo.

La puerta Karamon — 唐門
La puerta Karamon — 唐門
El Palacio Ninomaru
El Palacio Ninomaru
Detalle: oro sobre madera
Detalle: oro sobre madera
La entrada al poder
La entrada al poder
El pino centenario
El pino centenario
El Palacio Honmaru
El Palacio Honmaru

El despertar

El aire en Kyoto ha empezado a cambiar. La primavera ya no es una sospecha; se nota en las primeras flores que asoman tímidas entre las ramas. Es un recordatorio silencioso de que todo vuelve a empezar, una fragilidad que, después de los días de invierno, se siente como una victoria.

Los primeros ume
Los primeros ume
Rojo
Rojo
Blanco
Blanco
La camelia
La camelia

Kenroku-en

El equilibrio de lo imposible

Kanazawa es el hogar de un jardín diseñado bajo una premisa fascinante: la perfección nace del conflicto entre opuestos. Su nombre, Kenroku, alude a las seis características que un parque perfecto debe reunir, aunque estas se contradigan entre sí: amplitud y aislamiento; artificio humano y antigüedad natural; agua y panoramas.

Para Carmina, este parque es ante todo un reencuentro con los árboles. Pero surge una dualidad dolorosa: el cuidado obsesivo siglo tras siglo convive con la mutilación sistemática para forzar formas caprichosas. Es un drama entre lo sublime y lo terrible.

Así nos recibió el parque
Así nos recibió el parque
El estanque Kasumiga-ike
El estanque Kasumiga-ike
Carmina y el árbol
Carmina y el árbol
Kotoji-toro
Kotoji-toro — la linterna de dos patas. Símbolo de Kanazawa
Raíces centenarias
Raíces centenarias
Aquí en frente nos tomamos un té
Aquí en frente nos tomamos un té
Saliendo del parque
Saliendo del parque

De noche, el parque se transforma revelando el Yukitsuri: esos conos de cuerdas que protegen las ramas del peso de la nieve. Bajo la luz artificial, los árboles dejan de ser madera y hojas para convertirse en esculturas de luz que se duplican en el agua.

Yukitsuri sobre el agua
Yukitsuri sobre el agua
El pino Karasaki
El pino Karasaki
Yukitsuri — cuerdas que abrazan la nieve
Yukitsuri — cuerdas que abrazan la nieve
Media luna sobre Kenroku-en
Media luna sobre Kenroku-en

Kanazawa (金沢)

Para Kevin

Kanazawa tiene el barrio samurái mejor conservado de Japón, fue la segunda ciudad más importante en el Shogunato. Como siempre, los humanos somos capaces del más alto refinamiento y las mayores atrocidades. Si eres sensible, porfa, no leas la carta de agradecimiento — es un testimonio de lo bárbaros que podemos ser.

En el lado amable disfruta del refinamiento del siglo XVI. El espectáculo de geishas es un mundo todavía muy cerrado — hasta hace poco, imposible para extranjeros. No nos dejaron filmar, pero puedes disfrutar del concierto final.

Kanazawa-jō
Kanazawa-jō — 金沢城
El barrio samurái, hoy
El barrio samurái, hoy
La armadura del clan Nomura
La armadura del clan Nomura
El altar familiar
El altar familiar
Kakemono de la casa Nomura
Kakemono de la casa Nomura
Carta de agradecimiento
Carta de agradecimiento
Higashi Chaya
Higashi Chaya
El concierto
La estación de Kanazawa
La estación de Kanazawa
Abordando el Shinkansen (Tren Bala)

Shirakawa-go (白川郷)

Tatami, frío y gloria

En Shirakawa-go no hay hoteles. Los turistas paran un par de horas, toman fotos y se van. Yo quería una experiencia inmersiva. Así que a través de la asociación local de vecinos conseguí apartar una noche en una de las casas del pueblo.

Al llegar, caminamos a nuestro hogar temporal, pero había un cartel de cerrado. Tocamos y salió una señora que decía cosas ininteligibles, movía la cabeza negando y las manos diciendo váyanse de aquí.

En la asociación de vecinos nadie hablaba inglés. Bueno, una chica sabía algunas palabras y nos explicaba que intentaron hablarnos por teléfono para avisar de la cancelación, pero que no respondimos. La buena noticia era teníamos la opción de buscar un hotel en alguna ciudad cercana.

No sin esfuerzo encontramos la única habitación disponible en el pueblo y finalmente conseguimos el anhelado objetivo de dormir en el suelo (tatamis), con las comodidades del siglo XIX en un lugar helado. El edredón más grueso que hemos visto en la vida. No pasamos frío — pero ir al baño era otra historia: descalzos en el tatami, slippers en el pasillo de madera, otros slippers en el baño. El río pasaba justo al lado. Nos arrulló toda la noche. La aventura ideal, aquí están las fotos.

El pueblo de Shirakawa-go
El pueblo de Shirakawa-go — Patrimonio de la UNESCO
Las casas gassho-zukuri
Las casas gassho-zukuri — "manos en oración"
El techo que define el pueblo
El techo que define el pueblo
El secreto del techo
El secreto del techo: madera, paja y cuerdas — sin un clavo
La cena
La cena, con estufa de leña incluida
Nuestra habitación
Nuestra habitación (mentira — era el museo del pueblo)
El río Shōkawa
El río Shōkawa — justo al lado de nuestra ventana
El río al amanecer
El mismo río al amanecer
Al fin, sol
Al fin, sol
Shirakawa-go sin turistas
Shirakawa-go sin turistas
El guardián de piedra
El guardián de piedra
La cabaña solitaria
La cabaña solitaria

Takayama (高山)

El Japón de Carmina

A Carmina no la conquistó Tokyo. La conquistó Takayama.

Su primer encuentro fue un árbol de 1,200 años, en un entorno rodeado de naturaleza. Eso marcó el tono. La calle Sanmachi con sus casas del siglo XVII, el mercado de día — gusto sin ostentación —, las casas-museo de los Kusakabe y los Nomura con más encanto que el Museo Nacional de Tokyo. Todo pequeño, todo cuidado, un constante descubrimiento.

La calle Sanmachi
Sanmachi — madera y siglos
Sanmachi — madera y siglos
Pagoda del siglo XVII
Pagoda del siglo XVII
Interior de la casa Kusakabe
Interior de la casa Kusakabe
Casa Nomura
Casa Nomura
Templo en la nieve
Templo en la nieve
Jardín en invierno
Jardín en invierno

Esto es un yatai — una de las carrozas que desfilan en el festival de Takayama cada primavera y otoño desde hace 400 años. Pesa 2.5 toneladas. Para moverla hacen falta 80 personas, en dos turnos de 40, que aguantan solo unos minutos cada uno. En Takayama hay once. Cada una pertenece a un barrio, que la cuida y la restaura.

Yatai del festival de Takayama
Yatai del festival de Takayama

Kakusho: la comida que no pedí

Takayama · Shojin Ryori · Kaiseki · Omakase

Kakusho es una casa tradicional japonesa donde cada visita es una ceremonia — lleva más de doscientos años en el mismo lugar. Allí nos recibió Aoi en kimono, nos guió a una sala privada con vista al jardín: piso de tatami, puertas corredizas de madera ligera, silencio.

No es un restaurante como los que conocemos. Tres tradiciones lo distinguen:

Omakase (お任せ): la confianza total en el cocinero. Él elige todo según la tradición y lo que hay de temporada.

Shojin Ryori (精進料理): la cocina de los monjes budistas — sin carne, cada ingrediente vegetal en su forma más pura.

Kaiseki (懐石): la alta cocina japonesa estructurada como un concierto, donde todos los sentidos participan.

Aoi sirviendo té en la sala privada
Aoi sirviendo té en la sala privada

Cada plato llegaba en cerámica artesanal, con una presentación que parecía más pintura que comida, en silencio, sin prisas, con una sonrisa que casi pedía disculpas por interrumpir la paz.

Primer servicio
Primer servicio — bandeja de bienvenida con tarjeta 立春大吉 (gran fortuna en el inicio de la primavera)
Tofu sedoso con verduras
Tofu sedoso con verduras en cerámica azul y blanca
Caldo con verduras en laca roja
Caldo con verduras en cuenco de laca roja — la tapa lleva tortugas, símbolo de longevidad
Tempura de arroz inflado
Tempura de arroz inflado y seta — parecía una flor blanca
Soba fría en cestita de bambú
Soba fría servida en cestita de bambú con daikon rallado
Tempura de verdura y frijoles negros
Tempura de verdura y frijoles negros glaseados
Bambú tierno con espinacas
Bambú tierno con espinacas y zanahoria — tapa de laca con motivo floral
Arroz con setas
Arroz con setas, guiso de tofu y sopa
Postre
Postre — gelatina de fruta y fresa

Al fondo de la sala había un kakemono — un pergamino de caligrafía — con el carácter 花 (Hana, Flor). La frase: 不任栽培力. "La flor no florece por esfuerzo humano."

Para el restaurante es su forma de celebrar la primavera: cada estación redecoran la habitación. A mí me hizo pensar en que las cosas más bellas no son solo fruto de nuestro empeño, como solemos presumir — aparecen cuando se dan las condiciones necesarias.

花 · Hana · La flor no florece por esfuerzo humano
花 · Hana · La flor no florece por esfuerzo humano

Matsumoto-jō

松本城

El periodo Edo, también conocido como el Shogunato Tokugawa, fue una era de relativa paz pero de gran aislamiento de Japón. Este periodo es la típica imagen feudal y de samuráis que todos tenemos en la cabeza: 1603 a 1868. Es al principio de este periodo que se construye este maravilloso "keep" en un castillo que ya tenía 100 años.

Con la restauración Meiji, el emperador vuelve a tener poder central y quiere eliminar todo atisbo de feudalismo. En 1872 ordena la demolición de todos los castillos, símbolo del poder feudal. Ryōzō Ichikawa, un activista local de la época, se opuso y movilizó a la población local para proteger el castillo. Por ello es de los pocos castillos originales que todavía hay en Japón.

烏城 — El castillo cuervo
烏城 — El castillo cuervo

Al subir al sexto piso, es fácil imaginar el poder que sentía el señor del castillo. Lo que yo no imaginé es que después de 12 días de esquí, esto fue el golpe final a las rodillas de Carmina. Dice que jamás olvidará Matsumoto y no se refiere a lo bonito del castillo.

Frente al castillo

Ukiyo-e

浮世絵

Ukiyo-e (浮世絵) en japonés significa literalmente "imágenes del mundo flotante". El término se usa para referirse a un género de arte japonés tradicional de grabados en madera y pintura que floreció entre los siglos XVII y XIX. Este es mi homenaje al Japón de tinta y papel.

Monkey Business

Tormenta y más sorpresas

Hay lugares que, simplemente, conectan contigo desde el primer momento. Hakuba Goryu se ha convertido oficialmente en nuestro rincón predilecto para esquiar. No es solo la calidad de su nieve y sus pistas, sino esa atmósfera de montaña auténtica que se respira en cada rincón, sin las masas que atosigan otros lugares.

La naturaleza aquí tiene su propia agenda. Mientras descansábamos, una tormenta descargó 54 cm de nieve fresca sobre la estación. Despertar y ver ese manto blanco cubriéndolo todo fue la señal perfecta para intentar algo nuevo.

Por primera vez, decidí rentar esquís de powder. La sensación es difícil de describir si no la has vivido: es lo más parecido a flotar. En algunos tramos, la nieve llegaba literalmente a la altura de las rodillas, exigiendo un ritmo y una técnica distintos, mucho más fluidos y relajados. Es una forma de esquiar que te obliga a estar presente en cada giro, es como de otro mundo.

El refugio del Parque Nacional Joshin'etsu-Kogen 上信越高原国立公園

En Hakuba Goryu, nos encontramos en el corazón del Parque Nacional Joshin'etsu-Kogen. Es un ecosistema vasto donde la intervención humana parece mínima. Como aficionado a la fotografía, es imposible no detenerse ante la pureza del paisaje; el contraste del cielo azul con la nieve virgen y la estructura de los árboles desnudos crean composiciones naturales que parecen grabados japoneses clásicos.

Sin embargo, la verdadera sorpresa de este entorno no está en el paisaje inerte, sino en quienes lo habitan…

Hakuba Goryu

白馬五竜

Dejar atrás Tokio supone un cambio de ritmo. Salir de la densa trama urbana para encontrarse con la naturaleza de los Alpes Japoneses. La nieve invita a la pausa y a la alegría.

Esta vez la logística es más fluida. Al estar en un alojamiento ski-in/out, la frontera entre el descanso y la actividad casi desaparece. Salir de la habitación y encontrarse directamente en la nieve permite que el tiempo se dedique exclusivamente a disfrutar de la montaña sin las fricciones habituales de traslados cargando el equipo.

El reencuentro de Carmina con la nieve

Lo más gratificante está siendo ver a Carmina. Tras la fractura de tobillo que sufrió esquiando durante la pandemia, volver a las pistas implicaba enfrentarse a un miedo lógico. Sin embargo, ver su evolución estos días ha sido el punto más alto del viaje. Ha transformado esa cautela inicial en un disfrute real, reconectando con el esquí desde un lugar mucho más positivo y con una confianza renovada.

Como ella misma lo describe:

"Durante un tiempo, la nieve fue un espacio de mucha prudencia y tensión. Pero aquí en Hakuba he recuperado la seguridad. He dejado atrás el miedo para volver a sentir esa libertad que el esquí ofrece; ahora cada bajada es, simplemente, un placer." — Carmina

Verla esquiar con esa solidez le da un sentido distinto a estos días. Estamos aquí para disfrutar del deporte, pero sobre todo para compartir esa sensación de plenitud que solo se encuentra en estos paisajes.

Un viaje interior

Tokyo

El shintoísmo es la religión originaria de Japón — una espiritualidad sin fundador ni dogmas, centrada en la conexión con la naturaleza y los kami: espíritus que habitan en montañas, ríos y árboles.

Los torii son esos arcos rojos icónicos que marcan la entrada a los templos shintoistas. Su nombre viene de "tori" (pájaro) + "i" (morar) — literalmente "donde habitan los pájaros". Son portales entre el mundo físico y el espiritual, y cruzar uno no es solo caminar: es un acto de purificación.

Atravesando el túnel de torii
Entrada al Nezu-jinja
Entrada al Nezu-jinja
El camino hacia el santuario principal
El camino hacia el santuario principal
El honden y su guardián de piedra
El honden y su guardián de piedra
Detalles que sobrevivieron 300 años
Detalles que sobrevivieron 300 años

Anteayer nos sorprendió la comida vegana en un lugar lujoso. Hoy descubrimos algo mejor: un restaurante de barrio donde éramos los únicos occidentales. El local era tan pequeño que compartimos mesa con dos señoras en traje tradicional, separados apenas por una mampara de plástico.

Nuestros platos: arte en cada cuenco
Nuestros platos: arte en cada cuenco
Mesa compartida, mampara de por medio, kimonos incluidos
Mesa compartida, mampara de por medio, kimonos incluidos
Carmina en la entrada. El lugar se llama Nezunoya.
Carmina en la entrada. El lugar se llama Nezunoya.

Hay algo en estas calles que te detiene. Niños corriendo solos a buscar a un amigo, cruzando alegres, sin miedo. Una imagen que en nuestras ciudades ya parece de otra época. Aquí es simplemente sábado.

Camino al colegio, sin adultos, sin drama
Camino al colegio, sin adultos, sin drama

Dos vitrinas, dos mundos. Una armadura diseñada para la guerra. Un ciruelo pintado para contemplar. ¿A cuál le dedicas más atención en tu día a día?

El museo les da la misma luz, el mismo respeto, el mismo silencio. ¿Qué harás tú hoy?

Armadura samurái, siglo XVII
Armadura samurái, siglo XVII
Ciruelo en flor, tinta sobre seda
Ciruelo en flor, tinta sobre seda

Nosotros meditamos Vipassana, una práctica austera donde no hay imágenes ni rituales. Al entrar a esta sala, el budismo que vimos nos parecía de otro planeta.

Pero tiene sentido. Pasaron mil años desde el Buda histórico hasta que su enseñanza llegó a Japón — y en el camino, cada cultura dejó su huella. Al principio no había figuras humanas, solo símbolos como la rueda del dharma. Fueron los griegos, tras las conquistas de Alejandro, quienes empezaron a representar al Buda como persona, con túnicas de pliegues clásicos. Luego los chinos, con su sociedad jerárquica, inventaron un cielo con guardianes feroces custodiando la entrada. Y cuando llegó a Japón, el mensaje de compasión tomó formas más delicadas, casi femeninas.

El dharma viaja. Cada cultura le pone su voz.

Mil brazos, mil formas de ayudar — Kannon japonés
Mil brazos, mil formas de ayudar — Kannon japonés
Guardián Niō: la influencia china
Guardián Niō: la influencia china
De vuelta a lo esencial
De vuelta a lo esencial

teamLab Borderless

Tokyo

¿Cómo capturar en un video 2D una experiencia de inmersión total? No se puede. Pero lo intentamos.

teamLab Borderless es de esos lugares donde las palabras y las imágenes se quedan cortas. Caminas entre cascadas de luz, te sientas en un mar de LEDs que simulan lluvia y viento, y en algún momento dejas de saber dónde termina la sala y dónde empiezas tú. Wow, alegría, paz...

Volvimos tres veces a la sala del Crystal Universe. Nos sentamos. Respiramos calmadamente. Sentimos alegría.

Crystal Universe
Crystal Universe
Dibujamos nuestros peces y los vimos nadar con los de otros visitantes
Palomas
Carmina flotando
Olas
書道 Shodō

INJOY

Tokyo

Experimentamos una cena de esas que no se olvidan. Pensábamos que por nuestras múltiples restricciones, disfrutar de verdad estaba fuera de nuestro alcance... Oh sorpresa.

INJOY nos demostró que la cocina vegana gourmet puede ser una experiencia completa: sabores intensos y a la vez sutiles, puros, todo en perfecta armonía. Carmina eligió un plato japonés con melena de león como protagonista, yo me fui por el Bibimbap coreano. Ambos, extraordinarios.

Bibimbap vegano: cuando Corea y Japón se encuentran en un plato
Bibimbap vegano: cuando Corea y Japón se encuentran en un plato
El ritual del té: una pausa elevada a ceremonia
El ritual del té: una pausa elevada a ceremonia
Melena de león: el hongo que se convierte en arte
Melena de león: el hongo que se convierte en arte

En Tokyo, igual que en la Ciudad de México, los pasillos del metro también tienen puestitos de comida.

Solo que aquí el pasillo parece un centro comercial de lujo, los postres están iluminados como joyas y todo huele a limpio. Misma energía, diferente ejecución.

Puestitos de comida en el metro... versión Tokyo

Sensō-ji (浅草寺)

Tokyo

Sensō-ji es el templo más antiguo de Tokyo, casi 1400 años de historia. Lo visitamos de noche para verlo iluminado y volvimos a la mañana siguiente. La pagoda es una locura: 53 metros que hoy se pierden entre edificios, pero en el período Edo (siglos XVII-XIX), cuando todo alrededor eran casitas de madera, esto debió dominar el horizonte entero. Visible desde kilómetros. No me puedo imaginar lo que era caminar por Asakusa y ver esa torre imponente sobre todo lo demás.

Hay un pequeño arroyo dentro del recinto que es fácil pasar de largo, pero si te detienes un momento, lo escuchas. Es algo que ya notamos de Tokyo: el silencio. Una ciudad de 40 millones de personas y sin embargo hay silencio. Una maravilla.

Sensō-ji iluminado
Sensō-ji iluminado
1400 años mirando al cielo
El silencio de Tokyo

El vuelo

Comienza la aventura

Después de meses de planificación, por fin despegamos. Elegimos Singapore Airlines y la diferencia en servicio se nota desde que subes al avión—servilleta caliente de bienvenida, almohada y manta de verdad, atención impecable. Llegamos a Narita descansados en lugar de destruidos.

En NRT nos quitamos peso de encima: los esquís y una maleta grande se fueron directo a Hakuba, el lugar donde iremos a esquiar. La idea es viajar ligeros por Japón. Aprovechamos para sacar yenes en el ATM del aeropuerto (Japón, país ultra-moderno donde el efectivo sigue siendo rey) y activar las tarjetas Suica para el transporte.

Llegamos al hotel en Asakusa ya de noche, agotados pero emocionados. Subimos a dejar las maletas y al mirar por la ventana del lobby en el piso 13... esto. Sensō-ji iluminado contra el cielo de Tokio.

Un aperitivo de lo que nos esperaba mañana.
Un aperitivo de lo que nos esperaba mañana.

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